
Diego Medina
2 de enero de 2025
Ubicado en el estado de Morelos, México; Tepoztlán se muestra como un destino turístico lleno de experiencias, naturaleza y misticismo. ¿Te aventuras a explorarlo?
Nací en la tierra de Tepoztlán: Lugar del hacha de cobre. Mis padres nacieron y crecieron entre sus calles empedradas, que antes fueron de tierra, al igual que mis abuelos. Tepoz es una parte importante de mí, con el verde de sus árboles que se alzan en los cerros, el aroma de la comida en el mercado, la brisa del viento y los colores vibrantes de los vestidos de los chinelos.

Vista panorámica del pueblo (Fuente: @Tepoztlanoficial- Instagram/ Fotografía por: @_aldohero
Tepoztlán es un lugar mágico que guarda un sinfín de historia, cultura y tradición, lo que constituye el principal motivo de su atractivo turístico. La gente ve en este pueblo mágico, reconocido así por el programa a cargo de la Secretaría de Turismo del Gobierno de México (SECTUR) en el 2010. Esto permite crear una oportunidad para reconectar con la naturaleza y salir un rato de la vida citadina: una vía de escape para poder respirar aire fresco. Escenarios como el cerro del Tepozteco, con los restos de su pirámide en la cima —antiguamente utilizada como templo de adoración por los xochimilcas, quienes rendían culto a Ometochtli Tepoztécatl, el dios del pulque, asociado con la fertilidad vegetal y los vientos— permiten esta posibilidad. Desde la cima, además de disfrutar de la increíble vista panorámica del pueblo, puedes encontrarte con los pequeños tejones que merodean por el lugar (solo no dejes que te quiten tu comida).
La experiencia de caminar por las calles empedradas es única, especialmente con la imponente vista de los cerros al frente. El lugar cuenta con de restaurantes donde puedes degustar de exquisitos platillos de la gastronomía mexicana: desde pozole, quesadillas y tlacoyos, hasta comida prehispánica (con ingredientes originarios de América) o los emblemáticos itacates. Estos últimos son pequeños triángulos de masa preparada con manteca, queso y sal, que pueden rellenarse con diferentes guisos.
No obstante, el mayor exponente para explorar la gastronomía es el mercado municipal, ubicado ahora en el barrio de Santo Domingo. Allí no solo puedes disfrutar de una amplia oferta culinaria, sino también apreciar y adquirir artesanías únicas: desde piezas elaboradas con papel de amate, esculturas y máscaras, hasta las clásicas casitas de pochote, pequeñas esculturas talladas en las espinas del árbol que lleva el mismo nombre.
El pueblo se encuentra dividido en diferentes barrios, cada uno representado por un animal emblemático: San Miguel, una lagartija; San Pedro, un tlacuache; San Sebastián, un alacrán; Santo Domingo, un sapo; La Santísima, una hormiga; entre otros. A pesar de que cada localidad cuenta con su propia iglesia, la principal del pueblo es el Ex Convento de Nuestra Señora de la Natividad, edificada por indígenas tepoztecos bajo las órdenes de frailes dominicos, fue reconocida o como Patrimonio de la Humanidad a partir de 1994; Tras el terremoto del 19 de septiembre de 2017, el convento pasó por un proceso de reparación para preservar su legado histórico.

Vista del pueblo, la pirámide del Tepozteco, y el tradicional traje de Chinelo (Fuente: @Tepoztlanoficial- Instagram)
Por otra parte, los tradicionales carnavales de Tepoztlán son una de las festividades más esperadas por los turistas, especialmente por el emblemático Brinco del Chinelo, danza característica del estado de Morelos. Durante la celebración, la plaza se llena de largos vestidos de terciopelo negro, máscaras con barbas puntiagudas y sombreros emplumados de vivos colores que se secuden al son de la música de banda. Además, el ambiente se complementa con divertidos juegos mecánicos y puestos de actividades recreativas, creando un escenario lleno de alegría y tradición.
Creo firmemente que Tepoztlán es un lugar lleno de magia, un espacio donde he vivido y escrito gran parte de mi historia. Una parte de mi corazón pertenece a sus cerros, a los itacates, al Brinco del Chinelo y a los tejones que rondan sus senderos. Vale la pena visitarlo al menos una vez en la vida para vivir la experiencia de dejarse envolver por su naturaleza, su misticismo y la memoria de un pueblo que respira tradición y encanto.

