
Mariana Holanda
12 de marzo de 2025
Veintidós esculturas abstractas forman el corredor escultórico más grande del mundo en una de las principales avenidas de la CDMX. Una galería pública monumental que vale la pena descubrir.
Era el año de 1968 y México había sido seleccionado como el primer país latinoamericano en convertirse en sede de unos Juegos Olímpicos. Para llevar a cabo este gran suceso se propuso retomar la idea y programa inicial de esta celebración en el Mundo Clásico al crear un evento ecuménico que unió deporte, cultura, ciencia y arte en lo que se conoció como la Olimpiada Cultural. Este inusual hecho estuvo a cargo del Comité Organizador de la XIX Olimpiada con la dirección del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, quien invitó al historiador del arte y artista alemán, Mathias Goeritz a coordinar el proyecto más grande e importante; un corredor escultórico que recibió el nombre de la Ruta de la Amistad.
La Ruta de la Amistad es un proyecto de arte público escultórico y monumental que se encuentra en una sección del Periférico Sur; una de las vialidades más importantes de la Ciudad de México. El corredor se compone de 22 esculturas diseñadas por artistas de los cinco continentes, diseñadas bajo el lenguaje visual y artístico del movimiento moderno abstraccionista que tomó fuerza en México a partir de la segunda mitad del siglo XX. Las alturas de dichas esculturas van desde los siete hasta los veintiséis metros. En la actualidad sigue siendo considerado el corredor escultórico más grande del mundo con una longitud de 17 km. Estas estructuras monumentales son un precedente para el modernismo abstracto que se introduce en espacios públicos a nivel internacional y que terminan convirtiéndose en “galerías al aire libre”, mismas que unen los conceptos de urbanismo y artes plásticas.

La imagen muestra cinco esculturas pertenecientes a la Ruta de la Amistad (de izquierda a derecha) La Torre de los Vientos por Gonzalo Fonseca, Janus por Clement Meadmore, Sol Rojo por Alexander Calder, Muro Articulado por Herbert Bayer y Sol por Kiyoshi Takahashi.
Créditos: Infobae
Los diseños de las esculturas debieron seguir algunos lineamientos inamovibles. En primer lugar, se identificaron diseños que ayudaran al mejoramiento del entorno urbanístico. En segundo lugar, el material utilizado fue obligadamente el concreto en escalas monumentales. Finalmente, el lenguaje artístico para proyectar las esculturas se insertó dentro del abstraccionismo, al ser creaciones que buscaron, entre otras cosas, prescindir de la figuración centrándose en aspectos que compitieron más al estudio de la forma per se, a su color y/o a la materialidad para alterar la percepción espacial y visual del espectador que las recorrería en movimiento desde sus vehículos. A pesar de lo anterior, es posible agrupar muchos de estos monumentos en diversas subcategorías o movimientos artísticos como el minimalismo, geometrismo abstracto y el op art.
Es importante mencionar que la idea original no fue de Goeritz. El sueño de generar un corredor colaborativo de tan grande alcance y magnitud se atribuyó al escultor alemán Otto Freundlich, quien promovió la idea de fusión urbana y artística al acompañar diversas autopistas con monumentos a lo largo de Europa con la finalidad de conmemorar de manera simbólica y abstracta el fin de la Primera Guerra Mundial. Posteriormente, el proyecto fue rescatado por un grupo de artistas europeos que deseaban crear una Voie des Arts o Ruta de las Artes. Friederich Czagan fue uno de estos artistas, quien en 1966 fue invitado a México en donde conoció a Goeritz, al que le compartió su pensamiento y después propuso la materialización de una Ruta de la Amistad con motivo de la celebración deportiva.
Poco tiempo después de su creación, lastimosamente, las esculturas fueron abandonadas y comenzaron a mostrar deterioros causados por el entorno, actos vandálicos y el crecimiento acelerado de la ciudad. Muchos de estos monumentos tuvieron que ser reubicados para priorizar mega proyectos urbanísticos; un hecho que terminó descontextualizando la concepción original del corredor y limitando la relación del espectador con las obras al ser colocadas en sitios de difícil acceso visual. Como respuesta a estos sucesos se generaron iniciativas para rescatar las esculturas, siendo una de las más importantes la creación del Patronato de la Ruta de la Amistad, una institución que desde su creación se ha dedicado a conservar y difundir el legado de los Juegos Olímpicos de 1968. Además, en el 2018, el proyecto de Mathias Goeritz fue declarado Patrimonio Cultural de la Ciudad de México con la finalidad de incentivar su cuidado y preservación.
Hoy en día, las obras del corredor escultórico han pasado a ser pequeños detalles dentro de la gran fotografía de la metrópoli. No obstante, estos pequeños detalles siguen siendo una fortuna de colores, formas y texturas que se encuentran listas para volver a ser descubiertas.

Kiyoshi Takahashi. Sol, 1968.
La imagen muestra el deterioro y vandalismo que han sufrido algunas esculturas.
Créditos: El Universal.

