
Ivanna Morales Peñaloza
20 de enero de 2025
Jauja se llena de fiesta, color, violines y saxofones, la Tunantada ya llega para transformar por seis días los corazones de quienes la celebran, ¿Quieres saber un poco más sobre ella?

Foto: Jaujina y Príncipes en el 20 de Enero. El País de Jauja. (2019).
Cada año, a mediados de Enero, las calles de la Jauja se llenan de color y algarabia. Los locales, vecinos y foráneos, expectantes por el porvenir de un nuevo año, también se van preparando para la fiesta de la Tunantada. Muchos lo ven como una ocasión para reunirse con amigos y familia, mientras lucen su personaje bailando alrededor de la plaza de Yauyos. Otros, observan con sigilo y nostalgia, recordando su tierra al compás de huaynos y mulizas.
Príncipes, Chutos, Wankas, Jaujinas, Sicainas, Huatrilas, Arrieros y Jamillos, cada uno con sus principales características físicas, localidades y estatus notable, sin embargo reunidos en cuadrillas celebrando la ocasión con el mismo corazón. La historia popular dice que esta danza nace de la burla hacia el sistema de poder colonial en Xauxa, donde cualquier reminiscencia a los españoles te ubicaba más arriba en la pirámide social. Sin embargo, esto no lo sabemos con exactitud, inclusive se dice que su origen se encuentra en la evolución de otras danzas de la región, explicando la inclusión de personajes o pasos de los que no se conocía con anterioridad. Entre tantas hipótesis y relatos, uno tiene la libertad de elegir en cuál basar su significado y el cúmulo de sentimientos que le atribuye.

Foto: Tunantes antiguos, Príncipe, Wanka, Chuto, Inca y Apache. Tunanteros de Corazón. (2020).
Bien pues, existe otro relato que centra su atención en Xauxa como una de las ciudades en terreno del Qhapaq Ñan o también conocida como el Camino del Inca. Como su nombre sugiere, se refiere a una red de caminos que los antiguos pobladores usaban para movilizarse a lo largo y ancho del Imperio. Manuel Perales, arqueólogo jaujino, indica que tras la conquista española en el siglo XVI, el tramo Xauxa-Pachacamac era de las más importantes y transitadas del momento. Misma razón por la cual Pizarro habría decidido en 1534 establecer la capital de Nueva Castilla en Jauja.
Carlos Hurtado, historiador, cuenta que este también era una ruta obligatoria para los argentinos y bolivianos que iban trasladando mercancías constantemente, reposando algunos días en el puquio de la Samaritana y participando de las ferias comerciales. De cualquier manera, la importancia del lugar como epicentro del comercio y contacto intercultural era la esencia de los días en el rincón del Valle. Dicen que llegada la noche, los trabajadores acostumbraban a celebrar el éxito del día al ritmo de violines y quenas, bebiendo chicha y aguardiente. Sin distinción de identidad, nacionalidad o estatus social reunidos bajo la luna, eran uno mismo en la algarabía del momento.
Ese oasis en medio de un agitado caos, los habría incentivado a seguir con sus días a la espera del próximo carnaval, donde “lo absoluto se relativiza y al mismo tiempo se profana lo sagrado” (Carlos Hurtado, 2022). Tal vez es por eso que se decía de los tunantes unos bribones del orden, pues en medio de castas y segregación, en los días de fiesta, un campesino podía ser un principe español, mientras que un arriero de paso se divertía entre sus descansos.
Habrán pasado algunos siglos, los atuendos, la música y los pasos han evolucionado. La aparición y desaparición de nuevos personajes, como el apache, incas, e inclusive el uwish, representado con cabeza de animales, quedaron en la historia. Sin embargo, la esencia del goce y el desorden del orden, inunda las calles todos los 20 de enero. Un ritual de transformación y unión, donde aunque ajeno es posible encarnar a lo abstracto y hacerlo realidad.
En Jauja no es cuestión de quien baila mejor o quien tiene el mejor disfraz, sino es sobre aquellos que entienden, aquellos que lo hacen suyo, aquellos que se transforman en españoles, wankas, jaujinas, bolivianos o argentinos.

Foto: Cuadrilla Tunantera por Percy Gómez. El Peruano. (2020).
Si alguna vez habías escuchado sobre la Tunantada o si no, en una actualidad de rápido movimiento, sobreestimulación, estrés y ansiedad, permitirse sacar las etiquetas del porvenir y observar para reflexionar, puede ser aquello que te devuelva al origen de la creatividad, júbilo y alegría. Puede que tome un tiempo entenderlo, pero el día que lo hagas, Jauja y su Mantaro siempre te recibirán como los confidentes de tus sueños y realidades.

