
Diego Salinas
16 de setiembre de 2025
Lima combina gran vitalidad artística con una notoria falta de espacios culturales accesibles, sobre todo en distritos periféricos, esto evidencia la necesidad de repensar la ciudad como un verdadero lugar de encuentro ciudadano.

Plaza Gastañeta, cerrada al público. Fuente: Andina
¿Es Lima una ciudad pensada para convivir con la cultura y el arte? La respuesta parece contradictoria. Por un lado, la capital está llena de iniciativas ciudadanas y expresiones artísticas diversas; pero, al mismo tiempo, es una ciudad caótica, con escasos espacios recreativos amplios y con la mayoría de centros culturales concentrados en zonas céntricas y acomodadas.
Faltan espacios para la juventud
Hoy en día, muchos jóvenes se sienten atraídos por ferias culturales o eventos independientes que, aunque temporales, funcionan como puntos de encuentro. Sin embargo, buena parte de ellos proviene de distritos periféricos de Lima Metropolitana, donde casi no existen espacios culturales permanentes. El simple hecho de trasladarse hasta el centro para participar en una actividad artística se convierte en una odisea: el tráfico interminable, la distancia y el costo del transporte terminan por desalentar la asistencia.
Las estadísticas más recientes refuerzan este panorama. Según el Informe de Evaluación de la Política Nacional de Cultura al 2030, el 78,6 % de la población accedió a bienes o servicios artístico-culturales en los últimos 12 meses (2023), lo que significa que cerca del 21 % aún permanece al margen de estos espacios culturales formales. Si bien este avance refleja un esfuerzo por acercar a más personas a los denominados Puntos de Cultura, persiste una limitación clave: la falta de espacios amplios y adecuados que permitan desarrollar actividades culturales de manera integral.
Algunos gobiernos locales han intentado suplir esta carencia con casas culturales o parques zonales. La llamada Casa de la Juventud, por ejemplo, podría convertirse en un verdadero núcleo de encuentro. No obstante, en la práctica suele reducirse a una infraestructura de cemento con áreas recreativas, sin programas culturales sostenidos ni apertura suficiente para convertirse en un verdadero espacio social. En distritos tan extensos como San Juan de Lurigancho, estas iniciativas resultan insuficientes.
A esto se suma que muchas instituciones priorizan la organización de eventos aislados antes que la consolidación de lugares permanentes de encuentro cultural. El problema no solo radica en la falta de infraestructura, sino también en el escaso mantenimiento y en la ausencia de una visión cultural de largo plazo. En la mayoría de distritos, la posibilidad de contar con un espacio cultural o recreativo estable es casi inexistente; y cuando estos existen, suelen estar descuidados.
¿La cultura no es prioridad?
Lima parece más enfocada en ensanchar pistas que en ampliar veredas; más preocupada por el tránsito vehicular que por generar auténticos espacios de identidad y encuentro ciudadano. ¿Existen realmente puntos de encuentro amplios y accesibles en todos los sectores de la ciudad? Un centro cultural no debería limitarse a ofrecer entretenimiento ocasional: debe ser un espacio seguro, acogedor y formador de comunidad.
Entonces los centros culturales pueden cumplir un rol mayor: no solo ofrecer actividades artísticas, sino también fortalecer la identidad del distrito. En muchos barrios los únicos puntos de encuentro terminan siendo un centro comercial o una plaza central rodeada de tráfico, espacios que difícilmente llegan a consolidarse como refugios sociales para la comunidad.


