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Centralismo limeño: factor negativo para la difusión de programas culturales

Danabela Arteaga

26 de mayo de 2026

¿La Política Nacional de Cultura al 2030 del Perú realmente cumple sus objetivos al 2026 o es un mero idealismo imposible de alcanzar? Avances parciales, signo de una priorización territorial.

El Perú siempre se ha destacado internacionalmente por una cultura rica en diversidad y color. Retratos, pinturas y obras majestuosas yacen en los museos y sitios arqueológicos, reservados, tanto para la admiración como para su estudio. No obstante, muchos de aquellos ejemplares, los cuales cuentan con una historia incluso prehistórica, ahora forman parte de un pasado olvidado, siendo foco de interés únicamente para los académicos.


Ahora bien, si hablamos de la música, el baile, las costumbres y las comidas típicas peruanas, con el paso de los años han sido desplazadas casi en su totalidad por productos extranjeros, los cuales no guardan compatibilidad alguna con nuestro supuesto proyecto identitario. Porque el referirse a ello no solo implica sumergirnos en política, sino también sentir representatividad en lo cotidiano. Es así como nuestra identidad se desdibuja, dando mayor visibilidad, lamentablemente, a lo que acontece atravesando nuestra frontera.


A razón de todo lo señalado arriba, es fundamental contar con programas impulsados por el Estado que permitan fortalecer el sentido de pertenencia, esto con la finalidad de conectar con nuestros pueblos originarios y sus narrativas. Sin embargo, es importante tomar en cuenta que todas aquellas iniciativas deben abordarse en toda la nación, no solamente enfocándose en cierta población u otorgando prioridad a un sector. Caso contrario, los intentos de salvaguardar y preservar la cultura serán un fracaso.


Barreras en la difusión cultural regional


Actualmente contamos con un instrumento rector, este es la Política Nacional de Cultura al 2023. En dicho documento figuran una cantidad extensa de programas, medidas para abordarlo, así como sus alcances y supuestos logros. Quienes nos gobiernan se percataron de aquel conflicto identitario que hoy subsiste en la nación, por lo que tomaron la iniciativa de ponerse manos a la obra y efectuar un plan en aras de buscar mantener nuestra identidad cultural. Sin embargo, la pregunta aquí es ¿realmente ha dado los resultados esperados?


Pese a vivir en un Estado de Derecho descentralizado, somos testigos de la preferencia existente por la capital. Lima se ha convertido en el hogar del espectáculo y furor, siendo la ciudad preferida de muchos peruanos, la cual es muy concurrida y alberga una cantidad exorbitante de individuos al día de hoy. Siendo así, las autoridades tienen como y eje central aquel lugar para iniciar a ejecutar sus proyectos previstos, dejando de lado al resto de la población, en espera de ser también incluidos en todo tipo de actividades.


Foto de la diversidad cultural peruana (SERVINDI)


Eso constituye un factor negativo, pues representa un obstáculo significativo para la realización de una difusión equitativa de los programas culturales organizados. Esto a razón de que, se concentra la mayoría del financiamiento, recursos del Estado y decisiones relevantes respecto al tema en la capital, dejando entrever cierto nivel de desinterés y, hasta me atrevo a decir, de desprecio y marginación hacia las regiones amazónicas, costeras y andinas del interior del Perú. Esta dinámica prioriza un sinfín de proyectos y eventos culturales en Lima, tales como exposiciones, festivales, talleres, cursos y mantenimiento de museos, mientras que en provincias como Puno, Arequipa, Cusco, por ejemplo, son receptoras de asignaciones presupuestarias mínimas por parte del Ministerio de Cultura.


Si bien es cierto, Lima es una ciudad grande que cuenta con diversos sitios arqueológicos y, por la misma extensión geográfica, es donde residen la mayoría de peruanos, es inevitable pensar en que esa solo es excusa para no efectuar mejor los programas de identidad cultural. Asimismo, este problema no solamente genera una desigualdad presupuestaria o de participación, sino también que, en la mayoría de ocasiones, se fomenta una visión homogénea y centralizada de la cultura peruana, dejando de lado la diversidad cultural de las regiones más apartadas de la capital. Siendo así, se ignoran por completo los mitos, leyendas, tradiciones, bailes, gastronomía, entre otros, de la región.


Es por ello que, es necesario, imprescindible y fundamental que haya una reorganización en todo lo que concierne a la difusión cultural y la aplicación de la Política Nacional de Cultura al 2023. De esta manera, de una manera más consciente, se ejecutarán proyectos que abarquen todas las culturas, teniendo un alcance en todo el Perú, por lo menos donde exista alguna entidad estatal que permita hacerlo posible. 

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Danabela Arteaga

Autor Trazos

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