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Caral: La Cuna de la Civilización no conocida

Diego Salinas

18 de marzo de 2025

¿Por qué Caral, la cuna de la civilización en América, sigue siendo tan desconocida? Esta ciudad sagrada aportó innovaciones muy importantes a nuestro legado. No obstante, aún no ha alcanzado el reconocimiento global que merece.


Ciudad Sagrada de Caral (Ministerio de Cultura)


En el valle de Supe, al norte de Lima, se encuentra una de las civilizaciones más antiguas de América y del mundo: La Ciudad Sagrada de Caral. Este centro urbano está a la misma altura de las grandes civilizaciones del mundo como Egipto y Mesopotamia. Representa un pilar fundamental en la identidad cultural del Perú, siendo la cultura madre de la civilización andina. Sin embargo, a pesar de su trascendencia cultural, Caral sigue siendo subvalorada por los propios peruanos, dejándola en el olvido y cediendo protagonismo a otras manifestaciones culturales más populares. 


Esto se refleja en el hecho de que muchas personas desconocen Caral y su aporte al Perú. Es posible que en alguna ocasión hayan leído o les hayan preguntado: "¿Cuáles son las civilizaciones más antiguas del mundo?", respondiendo con ejemplos como la India, China o Egipto, sin darse cuenta de que en el propio Perú existe una de igual antigüedad.


El Ministerio de Cultura ha llevado a cabo diversos esfuerzos para revalorizar la zona arqueológica de Caral, implementando talleres artísticos, exposiciones museográficas inmersivas con realidad virtual que consiguen transportar a los visitantes en el tiempo y visitas a la Ciudad Sagrada de Caral. Además, ha potenciado su difusión a través de redes sociales, compartiendo contenido visual, información histórica y testimonios. Estas iniciativas no solo buscan atraer visitantes, sino también otorgarle el reconocimiento y la admiración que verdaderamente merece a nivel nacional e internacional.


Exposición museográfica "El Rol de la Mujer en la Civilización Caral" (Gob.pe)


A finales de 2024, la arqueóloga Ruth Shady denunció un atentado contra el legado cultural, el Ministerio de Cultura redujo en casi un 50% el presupuesto destinado a la investigación y conservación de la Ciudad Sagrada de Caral. Esta decisión, tan preocupante como  incomprensible, no solo afecta al equipo operativo, sino que también dejó sin empleo a numerosos trabajadores rurales que dedicaban sus esfuerzos a la protección de este invaluable sitio arqueológico.


Esta reducción presupuestaria refleja una preocupante indiferencia hacia el patrimonio cultural del Perú. En lugar de fortalecerlo y protegerlo, se opta por debilitarlo, poniendo en riesgo su futuro y su significado histórico.


Actualmente, Caral cuenta con 25 asentamientos, de los cuales 12 siguen en proceso de investigación. Solo cuatro de ellos están abiertos al público: Áspero, Vichama, la Ciudad Sagrada de Caral y, recientemente, Peñico, el último sitio habilitado para visitas. ¿Cómo se espera que Caral alcance la relevancia que merece si los fondos se reducen?  No basta con inaugurar un sitio arqueológico si luego no se garantiza su protección ni se promueve su importancia. Es indignante pensar que un lugar tan emblemático enfrente recortes en su presupuesto y que, como peruanos, no le demos el reconocimiento que merece.


Es urgente un compromiso real, una estrategia más amplia y sostenida. Se requiere una mayor articulación entre autoridades para garantizar que la puesta en valor de Caral no sea solo un esfuerzo temporal, sino que se convierta en un pilar de la identidad cultural del país, pues representa la esencia de nuestra historia.


Asimismo, Caral enfrenta otra grave amenaza: la invasión de su zona arqueológica. Esta crisis, iniciada en 2020 y prolongada hasta 2024, alcanzó un punto crítico cuando la arqueóloga Ruth Shady, principal defensora de Caral, recibió amenazas de muerte, demostrando que proteger nuestra historia e identidad cultural puede implicar arriesgar la vida. 


No se trata de un hecho aislado, sino de un problema estructural: el tráfico ilegal de tierras, que, lejos de ser erradicado, se ha normalizado en el país. Esta práctica no solo afecta a gran parte de la sociedad y pone en peligro nuestro legado, sino que también evidencia la inacción por parte del Estado, permitiendo que este delito siga amenazando la identidad de los peruanos.


Por otro lado, algunas familias de agricultores aseguran ser víctimas de acusaciones injustas y denuncian que se les está desplazando sin considerar su situación.


¿Entonces, la solución es recurrir a la violencia y desalojar a los pobladores sin más? No.  La solución no puede ser la indiferencia. Es fundamental establecer una mesa de diálogo donde autoridades, comunidades e instituciones unan esfuerzos para asegurar que Caral continúe siendo un símbolo de identidad y legado peruano, y no otro ejemplo de abandono y desinterés.


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