
Ivanna Morales Peñaloza
7 de diciembre de 2024
Los consensos políticos siempre traen una crónica detrás; en este caso las
semillas de la inmigración china del siglo XIX arraigaron en la tierra de las
relaciones bilaterales del siglo XXI.

Reunión oficial Dina Boluarte y Xi Jinping en durante una ceremonia de
firma de acuerdos en el palacio de Gobierno (REUTERS, 2024).
El mes de noviembre fue uno decisivo para la comunidad internacional, y algunos de los hitos que marcarán significativamente en la crónica de las relaciones internacionales tuvieron lugar en nuestro país. La 31° Cumbre de Líderes del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) y la inauguración del Megapuerto de Chancay, han logrado consolidar la visión peruana de situarse como un país clave en el mercado global de bienes y servicios. Sin embargo, notamos otra gran constante en estos logros: el significativo acercamiento con los grandes asiáticos, específicamente China.
Por muy novedoso que parece el acercamiento entre América Latina y Asia-Pacífico, las relaciones diplomáticas entre Pekín y Lima, en realidad datan desde los primeros años de la república, con las inmigraciones de trabajadores chinos a las grandes haciendas peruanas, un vínculo que no ha dejado de consolidarse hasta desembocar en estos dos importantes acontecimientos.
“Las semillas arraigan en la tierra” es una frase china que busca retratar cómo los migrantes habían logrado integrarse a la sociedad de acogida y fusionar sus culturas, hasta convertirse en una sola. Por esa razón, creemos que gran parte del éxito de la nueva diplomacia entre ambos países se debe a los importantes vínculos con la cultura asiática que forman parte de la identidad de los peruanos y peruanas. Así pues, en esta columna trazaremos los esfuerzos más importantes de acercamiento entre las dos repúblicas, para poder comprenderlos con más claridad.
Primeros Acercamientos
La historia entre Perú y China se remonta a los años 1840, cuando la joven república peruana buscaba consolidar su economía a través de la explotación de guano de isla y el desarrollo de la agricultura. No obstante, ante la abolición de la esclavitud por Ramón Castilla, la oferta de trabajadores en dichos sectores se redujo enormemente.
Mientras tanto, en oriente, China se encontraba vulnerable tras su derrota en la Guerra del Opio (1839-1842) contra el Imperio Británico. La creciente crisis económica, social y política era inminente; los impuestos subían y la hambruna azotaba a toda la nación por igual. Los campesinos, obligados a migrar a las ciudades en busca de mejores oportunidades, escuchaban relatos fantasiosos sobre las tierras al otro lado del Pacífico: montañas de oro para todos y un futuro brillante asegurado.
Así, con la proclamación de la “Ley China” en 1849, que permitió el ingreso masivo de trabajadores chinos, los primeros culíes desembarcaron en el puerto del Callao para suplir la gran demanda por mano de obra, conformando además la nueva demografía nacional.

Ciudadanos chinos en sus labores agrícolas (Infobae, 2024).
Ante la consolidación de la presencia china en el territorio, el 13 de octubre de 1874 se firmó el Tratado de Paz, Amistad, Comercio y Navegación, en el cual se pactó que los nacionales chinos y sus propiedades recibirán protección por parte de las autoridades peruanas. Además, de la acreditación para el recibimiento de agentes diplomáticos en los territorios de la contraparte.
Relación Ascendente
Entrante al siglo XX, China se encontró a puertas de un proceso revolucionario que buscaba derribar a la dinastía Qing. Fue en 1912, cuando el feudalismo fue derrotado y el partido Kuomintang (KMT) tomó el mando de la naciente república. Nueve años después, el Partido
Comunista de China (PCCh) es fundado y, tras un giro hacia políticas derechistas del KMT, buscaría alzarse en el poder. Así en 1927, iniciaría una guerra civil, cuyo ganador se haría con el control del gobierno. El apoyo de las masas trabajadoras hacia el PCCh fue crucial para que
saliera vencedora el 1 de octubre de 1949, y Mao Zedong proclamó la soberanía comunista en la reivindicada República Popular China, con su sede principal en Pekín.
Ante el posterior aislamiento del KMT en la isla de Taiwán, la comunidad internacional mostraba opiniones divididas sobre el partido legítimo del estado chino. En ese contexto, uno de los primeros tres países Latinoamericanos en reconocer al PCCh, fue Perú bajo la presidencia de Juan Velazco Alvarado en 1971.
Este año coincidió con un nuevo episodio de emigración china hacia Latinoamérica, ya que, con las controvertidas reformas nacionalistas del mandato militar, comenzó una importante tendencia migratoria peruana hacia América del Norte y Europa. Nuevamente, ante la alta demanda de trabajadores, alentó a alrededor de 1,3 millones de nacionales chinos a migrar hacia nuestro país.
Si bien las relaciones diplomáticas experimentaron un enfriamiento durante los años posteriores, a raíz del desbordamiento de la crisis política, económica y civil peruana, no fue hasta 1990, con la elección de Alberto Fujimori como presidente, que se retomaron las importantes conversaciones bilaterales.
Al año siguiente de su elección, Fujimori viaja a Pekín, siendo el primer mandatario peruano en hacerlo. Además, es el año donde se declara el 25 de julio como el “Día de la Amistad Peruano-China”. Enseguida, el ingreso a importantes foros multilaterales potenció aún más las relaciones con dicho país, como el Pacific Economic Cooperation Council (PECC) y el Asia Pacific Economic Cooperation Forum (APEC).

Alberto Fujimori junto al presidente chino Jiang Zemin durante el Foro
de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en noviembre del
2000, Brunei (Andina, 2018).
Crónicas del nuevo siglo.
Con la llegada del siglo XXI, la región Asia-Pacífic brillaba más que nunca, y los estados no querían quedarse atrás en su esfuerzo por consolidar relaciones con los crecientes mercados. Perú, de facto, contaba con la ventaja de participar regularmente en foros multilaterales
con dichos países. Fue así como, desde el gobierno de Alejandro Toledo, una idea ambiciosa se venía gestando, un Tratado de Libre Comercio. Sin embargo, no fue hasta 2007 que Mercedes Araoz, Ministra de Comercio y Turismo, presentó la propuesta ante su homólogo chino en la reunión de APEC en Tailandia. A partir de ahí, se inició un estudio conjunto y las consecuentes negociaciones, tan pronto como se pudo, siendo suscrita en 2009 y entrando en vigencia en marzo del año siguiente.
Desde ese punto en adelante, las relaciones con China sólo se fueron fortaleciendo aún más. En 2013, cuando Xi Jinping, actual presidente de la República Popular China, apenas asumió el cargo, Ollanta Humala fue uno de los primeros mandatarios globales en realizar una visita
oficial al recién electo. Aprovechando esta ocasión, se inauguró el Centro de Estudios Peruanos en la Universidad Normal de Hebei, en la ciudad de Beijing. El intercambio cultural que fue galardonado en el encuentro, por el reconocimiento de ambos países en cuanto al aporte histórico recíproco único en su clase. Pues, si bien, otros países como Chile se iban acercando al mercado asiático, la unión de los dos continentes aún se percibía como distante y pendiente de consolidación.

Ollanta Humala en el Centro de Estudios Peruanos en la Universidad
Normal de Hebei (Andina, 2013).
Sedimentación
La recurrencia casi protocolar se extendió a los siguientes gobiernos, ya que Kuczynski y Vizcarra demostraron seguir con el horizonte trazado por sus predecesores. En especial, durante el período de Vizcarra se dio inicio a una de las iniciativas más comentadas de todas: el Megapuerto de Chancay. La celebración de un tratado entre la empresa estatal china Cosco Shipping Ports Limited y la minera peruana Volcan, junto con la inclusión de este proyecto en la cartera de La Franja y la Ruta en 2019, se convirtió en hitos clave para una nueva dinámica entre ambas repúblicas.
Ante la reciente inauguración del proyecto, en el marco de la 31° Cumbre de Líderes del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, Guillermo Olmo señalo en un artículo para la BCC que se “espera atraer alrededor de un 50% de los cerca de US$580.000 millones que mueve cada año el comercio entre China y América del Sur”. Estas cifras nos darían una idea del enorme impacto diplomático, económico, político y social, de este nuevo y muy esperado puerto.
De esa manera, vimos como los acuerdos políticos y económicos siempre traen una crónica detrás. En este caso, las semillas de la inmigración china del siglo XIX arraigaron en la tierra de las relaciones bilaterales del siglo XXI, permitiendo que este acercamiento entre las naciones tenga una base sólida desde la cual construirse. Así mismo, sirve como un reflejo claro de cómo la identidad generacional puede impactar, de una manera u otra, en las metas a largo plazo de todo un país.

