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¿El fin del excepcionalismo americano?

Ivanna Morales Peñaloza

10 de junio de 2025

Ante los nuevos discursos y contiendas por la hegemonía, nos preguntamos si Estados Unidos conocerá la efemeridad de su grandeza e influencia.


Donald Trump tras intento de homicidio durante las campañas presidenciales. Fuente: BCC (2024).
Donald Trump tras intento de homicidio durante las campañas presidenciales. Fuente: BCC (2024).

Cuando pensamos en Estados Unidos seguramente se nos viene a la cabeza las últimas noticias sobre los aranceles universales, el Capitolio, o tal vez, su influencia en la cultura popular concentrada en ciudades como Nueva York o Los Ángeles. Inclusive la respuesta puede contener las grandes cadenas empresariales que acoge y el mensaje de libre mercado exportado a todos los rincones del mundo. Parece abrumador nombrar los anteriores elementos en un mismo párrafo, sin embargo, existe un concepto que explica la hegemonía del gigante americano y a su vez, el declive que muchos expertos comienzan a especular. El excepcionalismo americano – en su rama ideológica – ha sido aquel que marcó irremediablemente la historia del país desde el desembarco de los peregrinos británicos hasta las últimas contiendas políticas entre Trump y el resto del mundo. En este artículo hablaremos un poco de los orígenes de esta y su gran impacto en las relaciones internacionales.


¿QUÉ ES EL EXCEPCIONALISMO AMERICANO?


Este término se refiere a la auto-percepción estadounidense como una nación única y diferente al resto, cuya existencia ha sido providencia divina, por lo tanto, moralmente superior al entendimiento común. Autores como Seymour M. Lipset (1996) han analizado este fenómeno concluyendo en ciertas características: liberalismo, individualismo y laissez-faire. Este último término, popularizado por John Stuart Mill, durante el siglo XIX el cual se refiere a una preferencia por el libre mercado y la poca intervención estatal.

Esta creencia se verá íntimamente arraigada a las acciones de los actores proclamados americanos desde dos grandes ópticas: socio-cultural y política. En esta primera categoría podemos ubicar una importante doctrina como el “Destino Manifiesto” y su consecuente penetración mediante el soft power al resto del mundo. Es decir, la manera en la que la cultura popular ha influido en la opinión pública sobre el país. Lo anterior se ha podido percibir en la expresión del “Sueño Americano”

Por el lado político encontramos grandes hitos históricos como la proclamación de la Doctrina Monroe, la influencia de los 14 Puntos de Wilson, e incluso la sedimentación de Naciones Unidas o el sistema Bretton Woods. En términos más simples, la manera en la que este país se proyectó al exterior políticamente, contando desde intervenciones militares hasta la promoción de la democracia liberal.  

Es decir, para los estadounidenses su visión del mundo ha sido y será el camino a tomar si es que se quiere triunfar, pues están iluminados de virtud y con mucho esfuerzo han alzado un estado y prosperidad que dirige al resto. Pero, ¿de dónde salió esta mentalidad? ¿Y por qué decimos que empieza a tropezar? 


ORIGEN DEL EXCEPCIONALISMO


Para entender este punto de vista y su impacto en las dinámicas globales es importante analizar las ideas de aquellos que fundaron la nación y cimentaron el norte de los americanos a través de la historia. 


Los primeros colonos que desembarcaron lo hicieron con una mentalidad reminiscente de aquello que dejaban atrás, pues estos peregrinos huían de la persecución anglicana en busca de un lugar donde practicar su fe bajo sus propias convicciones. Su ideal de sociedad con valores calvinistas empezaba a verse rechazado, pues exigían una mayor injerencia en la política que garantizara la vida virtuosa, libre y disciplinada que se encontraba en su destino. La percepción de supremacía moral los llevó a la creación de un sistema basado en la meritocracia, donde se premiaba únicamente a aquellos ilustrados y moralmente capaces de ejercer su libertad. Mientras que el fracaso era concebido como castigo divino y una señal de no haber intentado lo suficiente. 


Esta idea del “hombre autoconstruido” o self-made man, sería uno de los pilares clave en la conformación del país que conocemos actualmente. Explicando que todo el éxito, la riqueza y la abundancia viene únicamente del trabajo duro y extrema disciplina. 

A pesar del sistema de valores claramente religioso, algunos de los conceptos no parecen tan anticuados, como la virtud, libertad y meritocracia, ¿verdad? Eso es porque en el siglo XVIII, ante el surgimiento del discurso liberal clásico, muchos de los conceptos usados por pensadores iluminados, como Rousseau, Locke y Voltaire, compartían elementos en común con la doctrina internalizada. Es así que, la transición entre ellas fue más bien un desarrollo recíproco y natural.  


Por otro lado, autores como Pedro Ramos (2018), se refieren a la elección del republicanismo aristocrático como una prueba irrefutable de las bases ideológicas. Pues, durante la redacción de la Constitución, cuando se puso a discusión el sistema electoral, el imperativo del discurso a favor de la voluntad general de Rousseau era fundamental en el sistema republicano. Sin embargo, la homogeneidad y la virtud cívica, requisitos indispensables, no eran lo suficientemente claros. Es así que se optó por la conformación de un colegio electoral, conformado por aristócratas, pensadores e ilustrados que tengan la capacidad de tomar “mejores” decisiones a favor del resto. De manera más gráfica, el pueblo podía elegir al mejor postor ilustrado que reflejara confianza y afinidad, para que este, en nombre de la ciudad a la que representaba, emitiera un voto con base a su racionalidad y formación acerca de lo ideal para el resto. 


De la misma manera, la poca injerencia del estado central en temas específicos de cada colonia, fue el verbo de los estudios de John Locke, quien decía que el estado y la ley estaban hechas únicamente para salvaguardar la paz en las sociedades. Es así como el gobierno federal se encarga de planificar las estrategias de política exterior y seguridad nacional. 

Sin embargo, no fue hasta mediados del siglo XIX que estas ideas de providencia se recopilaron y tomaron el papel principal en la construcción de políticas. La doctrina del Destino Manifesto reafirmaba la superioridad y responsabilidad moral de estos ciudadanos con respecto a los otros, además de explicar como la anterior se traduciría en una misión civilizadora que justificaba el derecho de anexionar territorios y desplazamiento de poblaciones indígenas. 

Así pues, desde la anexión de Texas en 1845, en el propósito de ocupar territorio de costa a costa, el país aumentó su extensión de 13 a 51 estados. Así como su expansión ultramarina con Filipinas, Guam, Puerto Rico y sus intenciones de ingresar a Cuba, consolidando el mensaje de la doctrina.


“El Progreso Estadounidense” de John Gast (1871)
“El Progreso Estadounidense” de John Gast (1871)

AMÉRICA PARA LOS ESTADOS UNIDOS


Algunos años antes de la anexión tejana, en 1823, el presidente James Monroe dictaba un mensaje de advertencia para las potencias europeas: “América para los americanos”. Esta se refería a la injerencia en los asuntos internos de las nacientes repúblicas, que recientemente se independizaban de los dominios españoles, franceses y portugueses. 


Con esta frase, Estados Unidos tomaría un papel de policía regional, pues decía que cualquier movimiento de injerencia en el continente se tomaría como una agresión a la propia potencia. Sin embargo, no pasó mucho para que su vigía pasará de observador a actor decisivo en la dirección y configuración de los países. Pues no pasaría mucho para que ocupara el espacio mexicano y se interpretara como una brújula expansionista. 


Erróneamente, en los estudios internacionales, se dice que este país se mantuvo aislado hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. En cierta magnitud lo hizo guardando distancias trasatlánticas, sin embargo, su presencia a lo largo y ancho de América no pasó para nada desapercibido. 

Como la dirección de Theodore Roosevelt, quien con “Big Stick”, o “Gran Garrote”, decía unilateralmente que Estados Unidos tenía el derecho de intervenir en asuntos internos de sus vecinos con el fin de que cumplieran sus obligaciones con las demás naciones y actores internacionales. Es decir, que existía la posibilidad de que los derechos soberanos se pudieran ver interrumpidos según el criterio exclusivo del país del norte.


PROYECCIÓN EXTERIOR EXTRACONTINENTAL


Después de la Gran Guerra, el primer intento estadounidense de proyectarse en el resto del mundo vino de la mano con el presidente Woodow Wilson, quien en sus 14 Puntos, planteaba una alternativa de cooperación, diplomacia abierta y el primer atisbo del orden internacional liberal, fundado en instituciones multilaterales. Si bien esto desembocó en la creación de la Liga de Naciones, su incapacidad para prevenir la segunda Gran Guerra, provocó cuestionamientos y dudas. Estos últimos exacerbados por el hecho de que ni el propio país promotor ingresó a esta institución y que Wilson ni contempló lo necesario en la formulación de su plan ante la realidad europea en la posguerra.


Después de la derrota alemana, Estados Unidos se alzó como parte de las potencias vencedoras y las lecciones del periodo entreguerra, lo llevaron a configurar su accionar con mayor precisión y astucia. La gran ventaja entre los demás ganadores, se encontraba en su ubicación geográfica: mientras Europa se caía a pedazos, el grande americano seguía creciendo y llenando sus reservas. 


La firma del Sistema Bretton Woods en 1944, fue el pilar angular en el éxito de sus demás propuestas. Con este se establecieron instituciones como el Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y el Patrón-Oro. Este último crucial en la influencia del país con el resto hasta la actualidad: el dólar como divisa mundial. De ahí en adelante, la firma de la Carta de Naciones Unidas y el establecimiento del Plan Marshall para la reconstrucción europea, fueron los síntomas del crecimiento y posicionamiento estadounidense. Habían logrado consolidar los pilares del nuevo orden mundial, pasando de policías regionales a policías del mundo. 


Estimado lector, seguramente habrás escuchado sobre el Sueño Americano, o habrás admirado la cultura popular. Desde canciones, películas, tendencias, hasta el deseo de aprender a hablar inglés, todas cuentan con Estados Unidos como epicentro. Esta notoria influencia no sólo se limitaría a las instituciones, sino que conscientes de la importancia mediática, el uso de soft power para controlar la visión de los ciudadanos con respecto a su posición en el mundo, fue su movida más inteligente. Se presentaron a sí mismos como el modelo de pensamiento, acción y decisión ideal para aquellos que quieran salir adelante.


American Dream. Fuente: Vanity Fair (2015) 
American Dream. Fuente: Vanity Fair (2015) 

CRISIS ACTUAL



Una vez aclarado el proceso evolutivo de pensamiento y acción estadounidense, seguro nos queda más claro el porqué de muchas ideas normalizadas en nuestro día a día. Sin embargo, existe un tema que aún nos interesa descifrar, ¿cómo surgió la crisis?

Para entender debemos estar conscientes que desde su nacimiento como república, Estados Unidos de América, siempre fue importante, siempre se concibieron como los vencedores definitivos. Debido a esto, cuando una nueva potencia amenaza con desplazar su papel en la construcción de las agendas mundiales surgen de manera inevitable reacciones de protección.

Imaginemos un estudiante que siempre saca las mejores calificaciones, se posiciona como el primero en la lista de mérito y es el más popular. Hasta que de pronto, otro estudiante, de diferente sección, empieza a subir progresivamente sus notas y entre interacciones calmadas, se relaciona con el resto de su promoción. Este primero reaccionaría como una amenaza a su sostenida posición en aquel lugar, naturalmente, rivalizando las interacciones con el segundo, inclusive creyendo que sus amigos son traidores por hablar e interactuar con el otro. En este ejemplo, el primer estudiante sería Estados Unidos y el segundo sería China. 

Detrás del discurso populista del “Make America Great Again”, se asoma el resentimiento por no ser los únicos en el podio. Los discursos nacionalistas del partido republicano y sus seguidores, son una reacción a una situación que no habían enfrentado antes. 

Si bien anteriormente se encontraba la URSS como potencia rival, esta había construido su propia tabla y reglas de juegos para con sus aliados. En este caso la estrategia de China consiste en utilizar los mismo medios que Estados Unidos ya había construido como por ejemplo haciendo uso de los puentes y relaciones que éste ha tendido. Un nuevo discurso de sueños y hegemonías se acercan y nos preguntamos si Estados Unidos entenderá que la grandeza es efímera y nadie se resguarda tras la excepción de las reglas naturales.


Donald Trump y Xi Jinping durante la reunión del G20 en Japón. Fuente: Council on Foreign Relations (2025)
Donald Trump y Xi Jinping durante la reunión del G20 en Japón. Fuente: Council on Foreign Relations (2025)

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Ivanna Morales Peñaloza

Internacionalista apasionada por los estudios regionales, cultura y el té.

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