
Natalia Villanueva Fernandez
15 de mayo de 2024
Un libro que transforma el dolor en belleza: una exploración poética del duelo,
la pérdida y la oscuridad.
En su primera novela, Oda a las polillas (2024), Valeria Montes Pastor, una
joven escritora con un estilo narrativo profundo y maduro, propone una
exploración íntima del dolor, la memoria y el abandono, a través de una prosa
lírica que se sostiene sobre el simbolismo de los objetos olvidados y la belleza
de la oscuridad. Con una voz propia y un tono melancólico, la autora construye
una atmósfera que combina lo onírico y lo gótico, sin dejar de lado una
profunda sensibilidad por los detalles que nos transportan a un universo oscuro
y delicado. Una propuesta totalmente distinta dentro de la narrativa peruana que
muestra una perspectiva fresca sobre el género de lo gótico.

Fuente: Página web UNIR
La protagonista, Viorica, vive en la calle Los Olvidos 1999, una casona que
parece suspendida en el tiempo. Allí colecciona objetos desechados por otros
—muñecas, vestidos, muebles— que no solo decoran su espacio, sino que
encarnan historias no contadas y van conformando un ambiente melancólico, sin
perder la ternura y el cariño que les da la inocencia de Viorica. Así, la novela se
despliega como un inventario emocional, donde cada cosa rescatada sugiere una
ausencia y cada rincón habitado remite a una herida. Viorica no solo acumula
objetos: los escucha, los interpreta, los revive.
Así, Valeria Montes construye en Oda a las polillas una prosa de notable
delicadeza, guiada por un ritmo sereno que nos invita a la contemplación. Su
estilo revela un cuidado especial por la forma, con ecos de tradiciones literarias
decimonónicas, en las que el paisaje emocional se proyecta en lo material y en
lo sensorial del entorno. El carácter fragmentario de la narración no afecta su
coherencia interna: cada escena, cada imagen parece estar colocada con
intención, formando un tejido narrativo compacto y reflexivo. La autora
demuestra, además, un manejo preciso del lenguaje y un uso poético de la
imagen literaria que dota a la novela de una belleza austera y melancólica.
Sin embargo, esta apuesta por la introspección radical, centrada casi
exclusivamente en el mundo interior de Viorica, también plantea ciertos
desafíos. Ya que, la novela prioriza la atmósfera sobre la acción, lo que limita el
desarrollo de personajes secundarios y reduce la tensión dramática de un
conflicto. Tal vez, dejándonos con ganas de querer conocer más de este mundo
frágil. Por lo que, la experiencia de lectura se vuelve profundamente inmersiva,
pero esto no le quita fuerza al ritmo uniforme ni al impacto emocional cuando
llegamos al final, terminando con una experiencia catártica. Es curiosa esta
elección estética que exige de un lector atento y perceptivo, dispuesto a
sumergirse totalmente en la historia, capaz de entender la vida oculta que hay en
los objetos olvidados y acompañar a Viorica en su vulnerabilidad.
Por ello, Oda a las polillas se consolida como una propuesta original y
coherente en el contexto de la narrativa peruana contemporánea. Su fuerza no
reside en el giro argumental ni en el despliegue de recursos efectistas, sino en la
constancia de una visión estética que se sostiene con madurez y convicción. En
una época marcada por la prisa y el consumo rápido de contenidos, la novela de
Valeria Montes apuesta por el silencio, la contemplación y la densidad
emocional como formas de resistencia.

