
Jhosua Mendoza Antezana
16 de diciembre de 2024
La historia que cuenta cada comida, aquella sensación de placer, nostalgia y amor, no es más que el reflejo de cultura, sentimientos y tradición.

Fotografía Del Sitio Web ‘’The food teach’’
La comida no solo es sinónimo de alimento, también es una mezcla de sentimientos y emociones, como el amor, nostalgia, alegría, satisfacción o tristeza. Refleja nuestras pasiones culinarias, florece nuestros sentidos y, sobre todo, es una cura para el alma cuando nos sentimos tristes o un bocado de alegría cuando estamos felices.
Ya sea un buen anticucho, que es una curita para el corazón y el alivio de muchos por las noches frías, pues, qué mejor para calentarte y compartir un momento con tus amigos, familia o ser amado en aquellas noches llenas de melancolía, paz, romanticismo y conexión.
El delicioso y calentito api acompañado de buñuelos logra cautivar los sentidos por el sabor, textura y olor que a veces evoca recuerdos y emociones de la infancia o juventud, como aquel momento del desayuno cuando tu mamá preparaba api, mientras te alistabas para ir al colegio, podías oler la canela, el clavo de olor y unos deliciosos buñuelos mientras te decías: ¡hum, pero qué rico huele!
La sopa de maní, lejos de ser una de las mejores sopas de muchos países en Latinoamérica, también es popular por su riqueza cultural, histórica y culinaria que llega a enamorar a cualquiera que lo pruebe por esa combinación de sabores que son captados no solo por tus papilas gustativas, sino por el olfato, y simplemente es amor al primer bocado.
Se dice también que el amor entra por el estómago, así se demuestra en aquellas parejas enamoradas que hacen repostería, comida favorita o simplemente algún detalle, ya sea dulce o salado, con la finalidad de demostrar amor, pero no solo es un detalle romántico de pareja, también es el reflejo del amor de una madre, quien en tu cumpleaños te regala tu comida favorita y desde temprano se levanta a cocinarla, pues no puede esperar ver la felicidad en tu sonrisa, porque, después de todo, el que tú seas feliz la hace feliz.
Sentimientos varios se van explorando, reviviendo, amando y detestando al momento de saborear algún plato de comida. Hay quienes prefieren la comida rápida, aquellos que prefieren algo nacional, aquellos que intentan forjar su sentido de conciencia y entrar en paz con la naturaleza y aquellos que saborean un buen filete a la parrilla, pero todos intentan conectar con sus emociones o simplemente alimentarse.
Finalmente, el talento culinario va pasando de generación en generación, como si se tratase de un arte que solo se refleja en quienes tienen el don y aquellos que se esfuerzan por tenerlo. Acompañado por la cultura que se manifiesta en el uso de condimentos, carbohidratos y carne, pues refleja aquellas costumbres que tenían nuestros ancestros y que aún se preservan en el tiempo. Ahora los sabores son símbolos individuales: lo dulce refleja felicidad y celebración, lo salado refleja saciedad, lo ácido refleja renovación y lo amargo refleja sofisticación, pero lo que tienen en común es que cada que probamos algo nuevo, comemos nuestra comida favorita o simplemente comemos, nos lleva a pensar en nosotros, en lo que éramos, fuimos y seremos, solos o acompañados, en alegría o tristeza.

