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Difícil de entender, imposible de olvidar. Miedo a ganar en el fútbol

Ximena R. Camacho

16 de julio de 2026

Ganar parece el objetivo de todo equipo. Pero ¿qué pasa cuando estás tan cerca que empiezas a dudar si realmente lo mereces?

Sin duda, no hay mayor orgullo para una selección que asistir a una cita mundialista y representar a su país. Sin embargo, ese mismo sueño conlleva la presión de millones de hinchas y una historia que pesa en cada partido.


Xavier Azkargorta, entrenador español, logró una de las mayores hazañas del fútbol boliviano al clasificar al país a la Copa Mundial de la FIFA 1994. En su libro: Difícil de entender, imposible de olvidar, él relata su llegada, su adaptación y, sobre todo, el contexto de una selección marcada por derrotas y desconfianza. Como él mismo menciona: “nadie creía en la selección”.


Más allá de los resultados, el libro revela lo que no se ve: las sensaciones, pensamientos y emociones que atraviesan los jugadores antes, durante y después de partidos decisivos. Aquello que no aparece en conferencias de prensa, pero que define el rendimiento dentro del campo. Lo que se vive en el camarín, en ese espacio íntimo entre jugador y entrenador, donde no solo se prepara un partido, sino también la forma en la que se enfrenta la presión.


En la cabeza del futbolista


Este libro resalta un aspecto decisivo en el fútbol: el psicológico. Especialmente en partidos en los que te juegas la vida: la ilusión de toda una nación sobre tus hombros y las dificultades sociales y económicas que atraviesan los futbolistas y sus familias. Surgen pensamientos como: “el rival es superior a nosotros”, “no puedo hacerlo”, “si perdemos será un fracaso”. Esto aumenta la ansiedad previa a la competencia. Es normal, pero llega un punto en el que el miedo impide rendirte, enfrentarte a uno mismo y a tus inseguridades.


¿Se juega a no perder? ¿A conformarse con no ser goleados? La pérdida de confianza tambalea la posibilidad misma de ganar. Aparece la sensación de no merecer la victoria, de sentir que las capacidades propias son inferiores a las del rival. Ganar también implica sostener una expectativa, y no todos los equipos están preparados para asumir ese cambio.


Puede empezar un círculo de autosabotaje: el jugador comienza a dudar de su rendimiento en el equipo, reduce la percepción de su propia capacidad (autoeficacia) para conseguir resultados “óptimos”, y el autodiálogo sobre experiencias adversas. El miedo a perder aparece en la repetición interminable de una jugada: un mal pase, el cabezazo que rozó el travesaño, un penal fallado, estar en banca, competir por un espacio en el equipo, etc.


De ahí surge el concepto del “hombre antes que futbolista” que expone el autor. Detrás de un jugador hay una persona que enfrenta dificultades y problemas que afectan su rendimiento. En este contexto, las charlas del entrenador y la presencia de un psicólogo deportivo resultan fundamentales para fortalecer al equipo. Este proceso no solo afecta el rendimiento, sino que puede explicar por qué algunos jugadores, incluso estando cerca del éxito, terminan alejándose de él.


El fútbol demanda perfección, resultados positivos, competitividad, tiempo completo, práctica constante y dinero. ¿Qué recibe a cambio el jugador? En muchos casos gritos de los hinchas, comentarios en redes sociales que incluso alcanzan a su familia, su rendimiento, pésimas condiciones de canchas y retrasos de pagos. Todo esto ocurre en países donde la realidad no permite jugar en condiciones iguales a las de equipos con una plantilla millonaria y estrellas del mundo que ganan cifras millonarias de dólares.


El miedo a ganar


Este aparece cuando estás cerca de clasificar a un mundial, cuando el resultado está a tu favor o cuando, a pesar de derrotas consecutivas, surge una oportunidad real. También aparece cuando no sabes cómo sostener ese resultado frente a la presión del rival, o cuando te acostumbraste a defender y olvidaste cómo atacar. Es en ese momento, el éxito deja de ser imposible y se convierte en un objetivo real. Y con ello aparecen las dudas: si realmente lo mereces, si estás avanzando por mérito propio o si todo es producto de la suerte. Ganar implica tener el coraje de sostener ese momento, valorar el esfuerzo propio y el de tus compañeros, insistir incluso después del error y mantenerse hasta el último segundo. Ya que el fútbol vive del resultado, pero a largo plazo, este resultado está determinado por el rendimiento.


Este año se avecina el Mundial en Estados Unidos, México y Canadá, a menos de dos meses de vivir la pasión inexplicable que implica representar a un país, se abre un espacio para analizar a equipos que llegan como favoritos por historia, estadística, renombre, ganadores en anteriores ediciones y actual rendimiento. No es sorpresa ver partidos como David vs. Goliat, que a simple vista uno es más fuerte que el otro, que tiene todo para ganar, mientras que el otro tiene el apoyo de pocos que confían en que puede dar el batacazo. Sin ir muy lejos el partido de Argentina vs. Arabia Saudita en la anterior edición mundialista que contra todo pronóstico ganó el equipo Saudí.


El partido histórico donde Bolivia le ganó a Brasil 2 a 0. Etcheverry en la foto fue quien marcó el primer gol del partido. Foto del libro oficial de la Copa del Mundo de Estados Unidos 1994 (Fuente:historiadelfútbolboliviano.com)


Un equipo que lo tiene todo para ganar tiene mayor presión de su nación y su reputación, mientras que el otro equipo tiene una ventaja: no tiene que demostrar nada. Juegan sin esa presión, porque si bien existe la probabilidad de perder, pero al fin al cabo son solo once contra once Entonces hay dos opciones, hundirse en el pesimismo y derrotas pasadas o decidir confiar en sus capacidades, proponer al rival y dominar los tiempos. Otro ejemplo que resalta el libro fue el Bolivia vs. Brasil, vivido desde dentro por los jugadores y el cuerpo técnico, durante y después con la algarabía del hincha.


Argentina cayó ante Arabia Saudita tras 36 partidos en su debut del Mundial 2022 (Fuente: Clarim.com)


El “aquí y ahora”


El siguiente concepto clave es el “aquí y ahora”, donde Azkargorta hace hincapié en que el fútbol se juega en tiempo presente, casi continuo. La historia de un equipo influye en la confianza del jugador. No es lo mismo llegar a un partido después de una racha positiva que hacerlo por primera vez en un mundial, con resultados negativos acumulados en los últimos años. En ese contexto, lo que el jugador hace y decide en ese momento no solo define el partido, sino que repercute en su futuro. Cuando el jugador no logra centrarse en el presente, el peso del pasado puede traducirse en dudas incluso en momentos donde ganar es posible.


Espero que este año sea de sorpresas y alegrías, pero también de equipos que se atrevan a creer en sí mismos, incluso cuando la presión indique lo contrario. Tal vez el mayor reto no sea enfrentar al rival, sino atreverse a creer que se puede ganar.

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