
Oriana Cutipa Aragón
31 de agosto de 2025
¿Es el mundo un lugar por el que vale la pena luchar? Se7en plantea que, aunque quizá no logremos cambiarlo, aún podemos intentar no sucumbir ante su podredumbre
Seven, desde su estreno en 1995, dirigida por David Fincher y escrita por Andrew Kevin Walker con una estética neo-noir, ha generado controversia e incomodidad. Este filme presenta la historia de un asesino en serie que elige a sus víctimas de acuerdo a los siete pecados capitales. El detective Somerset, a una semana de su retiro, debe atrapar al asesino en conjunto con el recién llegado detective Mills en una ciudad sin nombre sumida en el crimen.

Póster promocional de Se7en (RogerEbert.com)
Los siete pecados capitales
Tomás de Aquino los definió como “aquellos a los que la naturaleza humana está principalmente inclinada” y que conducen a cometer otros pecados para satisfacerlos. Asimismo, el número siete fue dado por el papa Gregorio Magno siendo los siguientes: gula, avaricia, pereza, lujuria, orgullo, envidia e ira.
Estos conceptos fueron creados como un mecanismo de control moral y social de la iglesia e incluso como una forma de incrementar su poder en la edad media.
La historia se desarrolla en un lapso de siete días, en los que, casi a diario, los detectives descubren a las víctimas que han sido elegidas y torturadas conforme al pecado que encarnaban.
Llama la atención que se diera la opción de salvarse a sí mismos a algunas víctimas, tal vez porque en su prédica consideraba que algunos podían redimirse de una forma retorcida. Esta idea recuerda la enseñanza de que la salvación se puede alcanzar mediante la práctica de virtudes contrapuestas a los pecados capitales.

Nota de la escena del crimen del pecado de la avaricia (Se7en)
Las referencias literarias en el filme
La película contiene múltiples referencias literarias como la “Divina comedia” de Dante Alliegheri, “Los cuentos de Canterbury” de Geoffrey Chaucer y “El paraíso perdido” de John Milton. La influencia más notable es la del Purgatorio de Dante, por la tortura personalizada infligida a cada víctima. Estas obras aparecen en los más de cien cuadernos manuscritos con las reflexiones del asesino.

Mapa del Purgatorio de Dante (unprofesor)
Por otra parte, estas referencias literarias son estudiadas por Somerset y Mills, lo que los conduce a dar con la identidad del asesino, Jhon Doe; sin embargo, el modo en que lo descubren demuestra el control de la información ejercido por las entidades gubernamentales que nos obliga a ponderar la exposición de información personal con la seguridad, aún más en esta era completamente digital.
El perfil criminológico y psicológico de Jhon Doe
En Estados Unidos, el nombre “Jhon Doe” se emplea para designar a personas desconocidas pudiendo implicar que cualquiera podría ser como él. Así como él mismo Doe indica, lo único que importa no es su identidad sino lo que hace, aunque esta afirmación es debatible.
De acuerdo al método de perfil criminológico del FBI, encaja con la mayoría de las características de un asesino organizado al planificar detalladamente sus crímenes, con la excepción de no deshacerse de los cuerpos.
En este mismo sentido, es un asesino misionario, al creer que tiene la misión de predicar y castigar a los “pecadores” justificando así sus acciones. Presenta un alto nivel intelectual que se refleja en cada una de las notas halladas cuidadosamente colocadas en las escenas del crimen a modo de firma.
A pesar de que Mills lo califica como un loco, Doe demuestra contar con pleno discernimiento, siendo probable que sufra de trastorno de personalidad antisocial y narcisista evidenciando su ausencia de empatía, su creencia de ser el elegido y su deseo de trascender mediante su obra que, en sus propias palabras, será estudiada y quedará inmortalizada en la historia, implicando un delirio de grandeza.
La crítica social a una sociedad contemporánea apática
Doe, en el tramo final, explica sus principales motivaciones mencionando que todos vemos pecados capitales a diario y en cada esquina sin que tomemos acción alguna. En la actualidad, no podemos negar que esta es la realidad, sin embargo, son una parte un tanto oscura e inherente a la naturaleza humana siendo imposible forzar una forma virtuosa de vivir en otra persona u obligarla a construir una sociedad utópica.
Cada quien tiene la libertad de vivir cómo prefiera, teniendo como único límite los derechos de otros y asumir las consecuencias de sus acciones. Ciertamente, los sistemas de justicia necesitan replantearse para ser más eficientes, en el filme inicialmente Somerset se encuentra agotado y atrapado en este, representándolo siempre en planos con líneas verticales a modo de barrotes. Aun así, las leyes al menos imponen un orden social que se perdería frente a sistemas anarquistas que promuevan una justicia extremista como la de Doe.
En la secuencia final, la mítica escena de la llegada de la caja para Mills encierra el clímax emocional y moral de la película. La planificación y manipulación psicológica de Doe llega a su punto máximo convirtiendo a Mills en parte de su obra sellando un final tan devastador como inolvidable. Este no es un desenlace complaciente ni convencional, sino el golpe definitivo que convirtió a Se7en en un referente ineludible del thriller.

Mítica escena de la caja (Se7en)
Al cerrar el filme, Somerset cita a Ernest Hemingway: “El mundo es un buen lugar y vale la pena luchar por él”, para luego añadir que él solo está de acuerdo con la segunda parte. Tras lo vivido junto a Mills, su visión se matiza reconociendo que, a pesar de que el mundo en el que vivimos está plagado de violencia, siempre habrá algo por lo que quedarse y seguir luchando.
Así, Se7en deja una enseñanza amarga, pero impactante: no podemos erradicar todo el mal, pero tampoco podemos rendirnos frente a él.


