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Entre la narrativa y la estrategia: la F1 llega a la pantalla grande

Yamile De Lamadrid

15 de agosto de 2025

¿Qué tan real es lo que vemos en pantalla? La película de la F1 vino a expandir el horizonte y darnos un vistazo tras las bambalinas de la mayor categoría del automovilismo.

El reciente boom provocado por los deportes automovilísticos ha conseguido que exista una nueva demanda de entretenimiento más enfocado al mainstream: es decir, más sencillo, digerible e incluso más inclinado hacia la recreación que hacia la cultura del deporte.


Hablemos de una categoría que tiene un lugar especial dentro de mi lista de intereses: la Fórmula 1. La categoría reina del automovilismo ha estado recientemente en boca de todos tras el estreno de una de las películas más anticipadas del año: F1. Protagonizada por Brad Pitt y Damson Idris, la película nos lleva en un recorrido memorable dentro de diversas categorías del deporte, es decir, GT, las 24 horas de Le Mans, F1, etc.


Lo que prometía ser un hit en la taquilla, no defraudó en lo absoluto, ya que la producción de Apple Original Films, de la mano del siete veces campeón del mundo Lewis Hamilton, logró recaudar ciento cuarenta y cuatro millones de dólares a nivel mundial solamente en su fin de semana de estreno, tomando en consideración que se estima que el presupuesto para la producción completa de la película fue de entre doscientos y trescientos millones, según expertos.


Pero, y a todo esto, ¿realmente le hizo justicia al deporte? ¿O simplemente fue otra producción destinada a capitalizar los bolsillos de los fanáticos de dichas categorías?

Desde la perspectiva de alguien que se especializa en seguir este deporte de cerca y entiende cómo funcionan las categorías antes mencionadas, te vengo a explicar qué tan parecida a la realidad estuvo esta producción.


Abordemos lo básico desde ahorita: al inicio de la película podemos ver a Sunny Hayes (Brad Pitt) compitiendo dentro de una carrera conocida como “Le Mans”, la cual es un evento altamente anticipado por los fans del deporte, ya que solo se da una vez al año y representa una de las carreras más demandantes en todos los sentidos.


Imagina que cada uno de los equipos presentes tiene a su disposición un carro, el cual está destinado a correr por veinticuatro horas seguidas, con mínima o nula manipulación; al contrario, el factor en constante cambio es su piloto. Una carrera que pone a prueba la resistencia tanto física como mental de aquellos valientes que se atreven a competir por aquel título. Tres pilotos, 24 horas y un carro por equipo, vs. 62 carros sobre la misma pista, al mismo tiempo. Esta carrera reúne a pilotos y equipos de diferentes campeonatos, tanto nacionales como internacionales, con el objetivo de cubrir la mayor distancia posible en las 24 horas de carrera.


Todo lo que vemos en pantalla es un reflejo muy acertado de lo que se vive dentro de esas veinticuatro horas de carrera; el filme nos muestra a Sunny corriendo la porción nocturna, mientras que su equipo busca agilizar el rendimiento del carro lo más que se pueda para poder ganar posiciones en la parrilla. Poco después de que termine su turno, vemos cómo su compañero de equipo lo reemplaza y la comunicación y dinámica del equipo se reinicia para adaptarse al ritmo de carrera del siguiente piloto.


En esta carrera en específico, me atrevo a decir que es indispensable más que en cualquier otra la estrategia y el trabajo en equipo. Solo tienen una oportunidad; es todo o nada para ellos.


Foto:  24 horas de Le Mans (Red Bull) 


Conforme avanza la cinta, poco a poco la misma narrativa nos lleva al punto de clímax, la etapa en la historia en donde el héroe inevitablemente debe emprender ese viaje a lo desconocido: el regreso de Sunny a las grandes ligas. Algo que hace muy bien esta historia es seguir el hilo consecutivo y mantener un ritmo lo suficientemente acelerado para poder generar esa adrenalina en el espectador, lo mismo que se busca conseguir cuando estás viendo la categoría en la vida real. En este trayecto nos lleva de la mano Sunny a través de flashazos hacia su pasado, que nos dejan entrever que el capítulo simplemente no se ha terminado, y que la aspiración por ser el mejor sigue vigente, incluso años después de su abandono de la categoría después de sufrir un accidente.


Como es de esperarse, la historia nos lleva al punto en donde Sunny debe probar que puede competir con el mismo nivel que su ahora compañero de equipo, 20 o 30 años menor que él. Y aquí es cuando se empiezan a cuestionar los roles dentro del garaje, lo cual pasa más de lo que esperarías en la vida real; a esto se le llaman dinámicas de poder. ¿Quién liderará al equipo? ¿El “rookie” que lleva menos tiempo, pero que sí ha competido consecutivamente dentro de la Fórmula 1 y conoce ya al equipo? ¿O el veterano que lleva tiempo fuera de “circulación” y que apenas se está incorporando, pero que en algún punto estuvo en la cima? Este tipo de desbalances con las posiciones de poder es más común de lo que uno podría esperar; ejemplos muy puntuales los podemos encontrar en equipos como Aston Martin en la F1, con Fernando Alonso, campeón del mundo, un veterano experimentado, vs. Lance Stroll, un piloto con no tanta experiencia, pero que es el hijo del dueño del equipo. ¿Quién debería ir primero?


Foto Lance Stroll y Fernando Alonso: Motor.es


Y aquí con el dinero pasa lo mismo. Un ejemplo que textualmente se ve dentro de la película es cuando, con base en los resultados que estaban teniendo como escudería, un “board” de inversionistas empieza a cuestionar el liderazgo de “Rubén”, el ahora director del equipo. Quieras o no, esta categoría se rige con base en el dinero; no necesariamente debes ser el más popular, sino el que más pueda generar a la larga. Es un deporte de ricos, que busca darle exposición a marcas y personalidades en un mundo altamente exclusivo y cuidadosamente curado, por lo que si no hay resultados que te respaldan, te vuelves un estorbo más.


La película muestra muchos ejemplos, tanto de actitudes como de comportamientos que son muy cercanos a la realidad, algunos otros que simplemente son exagerados por el bien del entretenimiento, como lo es el romance de Brad Pitt con la ingeniera. Ese santo cliché ya está más usado que nada y, en mi opinión, simplemente denigra el puesto de suma importancia que se le había dado dentro de la película, pero sigue siendo una realidad tanto en la sociedad como también en el deporte.


En fin, volviendo a nuestro tema central, si analizamos la película minuciosamente, sí, la película funciona y está muy bien hecha. No solo por el atractivo que logró generar en los fanáticos de la categoría, sino porque también se buscó mantenerse muy apegados a las realidades que se viven día con día dentro de este tipo de categorías. La pasión, adrenalina, drama, conflictos y guiños hacia la realidad hacen que sea una mezcla perfecta para los espectadores.


Este tipo de películas no solo existen para los fanáticos, sino, al contrario, sirven para acercar al consumidor/espectador, al deporte y a todo el ecosistema que lo rodea. La Fórmula 1 deja de ser solo carritos dando vueltas en pistas con figuras raras; por el contrario, se empieza a dar a conocer toda la estructura que no solo mantiene el espectáculo, sino que también a la élite de la sociedad. Esta película viene cargada de mucho más que solo adrenalina, si no también de una fuerte crítica hacia las desigualdades tanto de género como económicas que existen dentro de la categoría. Por lo que sí, esta película sí logra su cometido, y se apega fielmente al guion que rige al automovilismo, pero también logra encapsular fielmente el sentimiento y emoción que conlleva ser un fanático de la Fórmula 1, sin dejar de lado los pequeños tintes de la cruda realidad.

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Yamile De Lamadrid

Comunicadora enfocada en el automovilismo y los deportes. Apasionada por los medios y el entretenimiento.

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