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Cómo escapar de un secuestro: El teléfono negro

Emmanuel Contreras

19 de junio de 2025

A veces es necesario reinventar el género del terror con algo como esto: un asesino sin identidad, y un protagonista valiente para hacerle frente.

El Teléfono Negro es un oscuro y atmosférico descenso al terror psicológico, que encuentra su fuerza no solo en los elementos sobrenaturales, sino también en la perversidad humana. Dirigida por Scott Derrickson, quien ya ha demostrado su destreza en el género con títulos como Siniestro. Esta película adapta un cuento corto de Joe Hill (hijo de Stephen King), transformándolo en una cinta tensa, inquietante y emocionalmente cargada.


La historia gira en torno a Finney, un niño tímido y vulnerable que es secuestrado por un asesino serial apodado "El Raptor", interpretado con escalofriante eficacia por Ethan Hawke. En una decisión audaz, asume el rol del villano ocultando su rostro tras una máscara fragmentada y cambiante, lo que refuerza la ambigüedad de su personaje: una figura perturbadora cuya violencia no necesita demasiada exposición gráfica para estremecer.


Lo que distingue a esta de otras cintas de terror contemporáneas es su enfoque en el trauma infantil y la resiliencia. Más allá de las convenciones del género, hay un retrato sensible del miedo, amplificado por una ambientación setentera sucia, opresiva y creíble. El teléfono negro, es un aparato desconectado que conecta a Finney con las voces de anteriores víctimas, actúa como puente entre el más allá y la redención emocional. El dispositivo narrativo es simple, pero eficaz, y añade una dimensión sobrenatural sin caer en el exceso.


Las actuaciones son sorprendentemente sólidas, en especial la de Mason Thames (Finney) y Madeleine McGraw como su hermana (Gwen), cuya conexión fraternal se convierte en el ancla emocional de la cinta. Pues ella, con su peculiar don psíquico, es un personaje que equilibra la oscuridad con humor y fe, en contraste con el escepticismo del mundo adulto que la rodea.


Visualmente, Derrickson apuesta por una estética sombría pero no estilizada en exceso. Las sombras, los espacios cerrados y la fotografía granulosa contribuyen a una sensación constante de claustrofobia. No es una película de sustos fáciles; su tensión es más atmosférica, sostenida y emocionalmente densa.


Sin embargo, la película no está exenta de ciertos problemas. Su ritmo puede parecer desigual en algunos momentos y algunos personajes secundarios podrían haberse desarrollado más. Aun así, estos detalles no empañan una propuesta que logra ser más que una simple historia de terror: es una reflexión sobre la pérdida, el miedo y la fuerza que se encuentra incluso en quienes han sido más golpeados por la violencia.



Este film conjuga el horror sobrenatural con el drama humano de forma efectiva. Ethan Hawke demuestra que un villano no necesita ser explícito para provocar terror, y Scott Derrickson firma una obra madura que honra al material original mientras propone una mirada más empática al género. Un largometraje que, como su título, resuena incluso después de que termina la llamada.

Fotograma: “El raptor”. Magistral interpretación de Hawke para darle vida al villano de la cinta
Fotograma: “El raptor”. Magistral interpretación de Hawke para darle vida al villano de la cinta

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