
Marielena Castillo
11 de setiembre de 2025
¿Por qué las comunidades indígenas en América Latina luchan por ser escuchadas, a pesar de su riqueza cultural? “Voces que Resisten” invita a la reflexión sobre este desafío.

Foto de la Feria de Bioemprendedores (Devida).
En las alturas de los Andes, en las estepas de las Grandes Llanuras o en el paisaje multicolor de la Amazonía, se han tejido desde hace siglos historias vivas de resistencia, identidad y memoria. Países como México, con más de siete millones de personas indígenas (INEGI, 2020), Perú, con más de cinco millones (INEI, 2017), así como Ecuador y Argentina, donde las cifras también superan el millón de habitantes, son solo una muestra de esta riqueza compartida.
No obstante, aunque las prácticas y expresiones de las comunidades originarias son frecuentemente celebradas como parte del patrimonio intangible, las comunidades no siempre intervienen en la toma de decisiones sobre políticas públicas culturales. Esta exclusión no es nueva ni casual, sino que, responde a estructuras históricas de desigualdad, donde las barreras son múltiples: La falta de financiamiento, la escasa conectividad digital en territorios rurales y la ausencia de formación técnica en gestión cultural dificultan la posibilidad de que estas comunidades accedan a espacios de creación, producción y difusión artística.
Ante este panorama, diversos países latinoamericanos han impulsado iniciativas orientadas a mitigar estos desafíos. Entre ellas destacan el Festival de Cine Indígena Wallmapu, la Feria de Bioemprendedores Indígenas y el Festival Internacional de Cine Indígena. Cabe resaltar que estas acciones no deben ser entendidas como simples plataformas de visibilización, sino como procesos de reivindicación cultural.
Frente a estos avances, es necesario seguir impulsando la creación de fondos públicos y privados para la ejecución de proyectos, diversificar las oportunidades de capacitación para la gestión cultural teniendo en cuenta las diferentes lenguas y seguir ampliando la conexión digital en zonas rurales, a fin de garantizar el acceso a plataformas y a una educación intercultural que permita el diálogo efectivo.
No basta con celebrar la diversidad; sino que, es necesario empoderarla y trabajar junto a ella en la construcción de un futuro genuinamente intercultural.

