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Teatro: guía para sumergirte en la historia sin dormirse

Mateo Silva

11 de setiembre de 2025

¿Te pasó de ir al teatro y que la obra, más que atraparte y dejarte pensado, te sirvió para dormir una gran siesta?

¿Te pasó de ir al teatro y que la obra, más que atraparte y dejarte pensado, te sirvió para dormir una gran siesta? Aunque todos amamos las siestas y las salas tienen butacas cómodas, una luz tenue y aire acondicionado, los teatros no suelen ser para dormir…


También está la posibilidad de que nunca hayas ido al teatro porque las imágenes que tenés de este son las escenas cómicas típicas de sitcom en las que un personaje va a un grupo de improvisación. Bueno, eso no es exactamente el teatro, o al menos, no exclusivamente. Principalmente, para que el hecho teatral sea disfrutable, requiere de crear un entorno verosímil.


Antes de analizar qué es lo que hace que una obra sea verosímil, hay que comprender el concepto de mímesis o imitación. Aristóteles plantea que el arte es imitación, pero que cada disciplina se diferencia de las otras por el medio y modo de imitar y por el objeto que imitan.


En el teatro lo imitado son hombres que accionan, y se pueden "hacer" mejores o peores que nosotros, siendo mejores en la tragedia y peores en la comedia.

Ahora, si lo imitado existe en una forma ¿cómo puedo imitarlos de mejor o peor forma que la que existen?


Lo importante es que sea verosímil. El concepto es bastante claro. Horacio dice que no se puede esperar que se crea todo lo que la fábula dice. Deja claro que lo verosímil es lo creíble, lo que puede ser, lo que no es absurdo. Con el paso del tiempo lo que se considera arte fue tomando diversas variantes, pero incluso el "absurdo" como género sigue cierta lógica, es verosímil dentro del universo en el que se desarrolla.


Es necesario que las acciones de Edipo sigan una lógica. Nunca lo veríamos recién despierto, con cara de dormido, sino que siempre tiene las acciones que un héroe debe tener, al punto de que cuando se entera que es parricida, hermano de sus hijos e hijo de su esposa, decide cometer la gran acción heroica: clavarse unos broches de oro en los ojos y quedar ciego. En fin, griegos…


Hoy los límites se desdibujan, no son tan rígidos como en la época de Aristóteles. Ya no podemos decir que la tragedia ennoblece y la comedia degrada. Nos encontramos historias trágicas como la de un heroico pirata que es una leyenda, que parece ser mejor que las personas, pero en realidad es un ebrio que todo le sale mal, y es claramente peor, lo que lo hace cómico.


La verosimilitud no exige que lo representado sea real, algo que sería imposible, ya que en el momento en el que es tomado de la realidad para ponerlo en escena o en una pintura deja de ser lo representado (que, en ese caso, sí es lo "real") para convertirse en representación.

Entonces, al encontrarnos con una obra, por más fantástica o absurda que sea, podemos afirmar que es verosímil siempre y cuando siga un código definido y entendible.


Ese es un factor decisivo para que una obra sea entendible, para que se pueda mantener la atención y, si tenemos suerte, para que no sea momento de siesta.


Ahora, no es el único factor: hay que conocer el entorno en el que se va a representar y adaptarse a las necesidades del público, sin silenciar la voz personal; hay que definir el lenguaje que se va a usar —las palabras, pero también el código artístico—; además, un gran actor debe comprender los tiempos de la comedia y la tragedia —y eso no está escrito en un texto—, entre otro montón de factores.


Eso, sumado a un poco de suerte y mucho, mucho esfuerzo, es lo que hace que una obra pase de ser una siesta… ¡a una gran fiesta!

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