
Ivanna Duvara
11 de setiembre de 2025
Pensar en un mundo sin música sería inconcebible, compañía de travesías en vacaciones, en momentos de celebración, en el proceso de enamorarnos...
Como sabemos, la música nos ha acompañado desde el comienzo de la existencia de la humanidad. Pensar en un mundo sin música sería inconcebible, compañía de travesías en vacaciones, en momentos de celebración, en el proceso de enamorarnos, de sentirnos eufóricos, felices, incluso cuando todo lo anterior no haya funcionado como quisiéramos.
Además, debemos recordar que la música fue al igual que la literatura, la filosofía y el teatro; movimientos artísticos que acompañaron cambios sociales de gran relevancia en la historia mundial, incluso encabezaron resistencia a muchas desigualdades como guerras y conflictos bélicos.
La música puntualmente nace de una de las formas más puras de expresión cultural como también de identidades colectivas, pero ¿Existe un vínculo entre nuestros rasgos más íntimos de personalidad y nuestros gustos musicales?, ¿O son puramente casuales?, ¿Tendría la música influencia al momento de la constitución de grupos o no? Preguntas que los académicos e investigadores en el área de la Psicología, la Industria Musical, el marketing y otras disciplinas, intentan responder con larga data, y que nosotros no podíamos no preguntar.
Stefano Buscaglia, en su tesis de investigación "Estudio comparativo de usos y preferencias musicales entre generaciones millennials y centennials", asegura que: “Un género musical o una canción puede expresar pensamientos internos, crear una identidad propia o generar la posibilidad de ser parte de una colectividad, producto de cómo las canciones poseen cualidades y propiedades intuidas que se alinean con estos procesos.” E incluso destaca que: “Es de ello que este proceso no solo crea una instancia de pertenencia con el género musical, sino que también genera alianzas con fans que escuchan artistas similares, creando una subcultura en la que interactúan al percibirse como iguales (Frith, 1996; Hargreaves et al., 2002).
Así es que por años se ha intentado y se sigue intentando, medir por medio de la administración de Test Psicológicos como por ejemplo el: Test STOMP (Short Test of Music Preference), para poder correlacionar aspectos de la personalidad de diferentes grupos sociales y géneros musicales escuchados.
Si bien el test es amplío al momento de evaluar aspectos, realiza una primera clasificación, conformado por cuatro factores; “Reflexivo y Complejo” (incluidos géneros como: blues, jazz, clásico y folclórico) caracterizados por ser individuos con: “mayor imaginación activa, más inventivos, valoran las experiencias estéticas, son políticamente abiertos, son más tolerantes y se consideran más sabios/as” (Buscaglia), “Intenso y Rebelde” (como el rock, alternativo y heavy metal) según Rentfrow & Gosling (2003): “se presentan como personas curiosas, que rechazan el conservadurismo y disfrutan tomar riesgos al descubrir nuevas experiencias”, pero podrían asociarse también con emociones negativas, su agresividad y rebeldía, “Optimista y Convencional” (géneros country, bandas sonoras de films (soundtracks), religioso y pop) relacionado con estados emocionales más positivos y menos complejos en su composición; pero existen variaciones entre los mismos; ya que existirían diferencias entre las personas que escuchan composiciones religiosas tendiendo a presentar estructuras menos flexibles, a diferencia del género pop mucho más vivaz y en cierta forma “juvenil”. Napier & Shamir (2018) han implicado que se hace difícil categorizarlo, no solo debido a sus continuas transformaciones, sino que, a la vez, estas responden a los cambios de la sociedad. Si bien es dominante desde sus letras de amor y romance, también ha sido indicativa de expresar los cambios societales a partir los eventos y tendencias que ocurren en el mundo, como lo fue la ruptura de los roles de género y su aproximación a identidades LGBTQ.
Por último, nuestro cuarto factor “Enérgico y Rítmico” (incluyendo géneros cómo géneros musicales como el rap, el hip-hop, el soul, el funk y la electrónica/dance) de carácter mucho más animado quienes prefieran este factor se presentan como llenos/as/es de energía, sociables y de mente abierta.
Si bien estandarizar es crucial al momento de construir conocimiento científico, podríamos generalizar a tal punto, que desembocase en un reduccionismo peligroso. Tomar estos resultados de forma “estricta y extrema” podría llevarnos a prejuicios estigmatizantes, que romperían con la finalidad bondadosa del arte para generar colectividades de identificación musical; atribuyendo erróneamente aspectos que podrían no representar a sus oyentes.
Por ende, si bien como plantea Carla Pérez. R: “Ya desde la etapa infantil debemos descubrir la utilidad y beneficios que nos brinda la música (...) ayuda al niño a conocer y descubrir su mundo interior además de estimular la relación y comunicación con otros. La música, tanto desde el punto de vista interpretativo de escucha o compositivo, nos lleva a desarrollar determinados estados de ánimo y emociones”.

