
Julie Graterol
17 de agosto de 2025
¿Has oído hablar de los clubes de lectura, pero nunca te animaste a participar? Puedes estar perdiéndote de algo grandioso.
Hace unos días asistí por primera vez a un club de lectura, el cual fue llevado a cabo en el Instituto Venezolano de Lenguas (Maracaibo, Venezuela). Fue una experiencia gratamente distinta, e incluso me atrevo a catalogarla como única: recitar poemas, y textos que trascendieron desde el alma de su autor hasta la memoria de las generaciones actuales; me permitió no solo expandir la mirada que tenía sobre la literatura en general, sino que, al mismo tiempo, tuve la oportunidad de conocer personas magníficas, quienes compartían el amor por las palabras mientras el aroma a café invadía nuestros sentidos.
En un mundo repleto de pantallas, estímulos efímeros y distracciones, parece que la lectura, práctica noble y milenaria, lucha por mantener su protagonismo. Si bien es cierto, existen aquellos que disfrutan la soledad que un libro puede ofrecer, dentro de estos clubes se eleva la literatura a otra dimensión. Más que leer y discutir la obra, se trata de disecarla, desentrañarla, y debatir su mensaje. El propósito está en descubrir perspectivas que nunca habrías imaginado leyendo de manera individual: ¿No es increíble ver cómo un mismo párrafo puede suscitar tantas interpretaciones diferentes?
En mi visita al club IVL, la simple lectura de un poema se convertía en una personificación casi teatral, donde las palabras tomaban cuerpo y eran palpables entre nosotros. Debatimos sobre la intencionalidad detrás de los versos de autores latinoamericanos, hasta incluso asiáticos o de habla inglesa. Llegamos a la conclusión de que escribir y leer, es cómicamente un método de supervivencia a nivel espiritual y emocional, tanto para quién escribe, como para el que lee.
Sin embargo, encontré una paradoja: porque en una época donde la conexión humana se necesita más que nunca, los clubes de lectura, que ofrecen precisamente eso, un encuentro genuino en torno a las ideas, no gozan de la popularidad que merecen. Los veo como pequeños oasis de conversación y reflexión, pero a menudo se sienten desiertos.

Perspectiva de una sesión de club literario (Universidad Autónoma de Guadalajara)
Es importante mencionar, que estos clubes son un arma poderosa contra la superficialidad, la misma que nos hace conformarnos con deslizar el dedo por titulares y posts breves. Los encuentros literarios de este tipo nos animan a articular nuestras ideas de forma coherente, a escuchar activamente y a defender nuestros puntos de vista de manera respetuosa. Son, en esencia, gimnasios para la mente y el espíritu.
Y no, los clubes de lectura no están reservados exclusivamente para académicos, o para los que devoran cientos de páginas a diario. Estos espacios están pensados para cualquiera con curiosidad, con ganas de aprender, de conectar y de compartir. No importa si eres un lector apasionado o si apenas estás comenzando tu viaje literario. Lo que importa es la disposición a sumergirse en las palabras y a dejar que te transformen, tanto a ti como a tu forma de ver el mundo.
Así que, la próxima vez que te topes con una convocatoria para participar en cualquier club de lectura, te invito a que te des la oportunidad de adentrarte en esta maravillosa aventura literaria. Descubrirás que la magia de los libros se multiplica cuando se comparte, y que esos encuentros, pueden resonar con fuerza en tu vida.
“Leemos para saber que no estamos solos” -William Nicholson.
