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¿Por qué amamos tanto al señor Darcy?

Emily Claire

4 de octubre de 2025

¿Qué tiene Fitzwilliam Darcy que sigue robando corazones dos siglos después? Analizamos su encanto eterno y la visión de Austen.

Es una verdad universalmente reconocida que toda mujer lectora, en algún momento, ha caído rendida ante Fitzwilliam Darcy como el caballero fijo de la literatura romántica.


El 14 de agosto se reestrenó la versión cinematográfica, catalogada como la más fiel, de Orgullo y prejuicio por motivo de su vigésimo aniversario.


Es sorprendente la cantidad de personas que pagan por ir al cine a ver una película que puedes encontrar en plataformas como Netflix o Prime.


Pero es más increíble aún cómo sigue vigente un personaje de hace dos siglos.Por eso hoy analizaremos el encanto de Darcy y las razones para seguir enloqueciendo a diferentes generaciones alrededor del mundo.


Matthew Macfadyen como Fitwilliam Darcy (2005)


Antes de continuar, debo confesar un secreto, en parte para que no piensen que este es un intento de cambiar su opinión. Debo admitir, con algo de pena, que por mucho tiempo no me gustó el señor Darcy. Listo, lo dije. Digamos no a la funa.


Conocí Orgullo y prejuicio a los 12 años por primera vez y quedé encantada. Mi profesora de secundaria puede confirmarlo, porque era mi tema de exposición cada vez que podía.


Tuve una temprana exposición a la literatura austeniana a través de la novela gráfica de terror de Seth Grahame-Smith, que luego escaló a una ligera hiperfijación. Sí, lo acepto.


Pero aun entonces tenía esa chispa muy de Lizzy y ya me cuestionaba: ¿por qué alguien querría a un hombre tan grosero y frío por esposo? ¿aún más cuando existe su mejor amigo?

Mi versión joven tenía claro lo que quería, pero admito que había mucho que aún no sabía y de lo que luego, con el paso del tiempo, me retractaría.


Sin embargo, sostengo dos verdades de lo que dije: Darcy es hosco y Bingley es afable y casi tan rico como él.


Entonces…


¿Por qué Darcy y no Bingley?


En el siglo XIX, las mujeres dependían económicamente de un hombre de forma directa. Tanto así que, por ello, no solían tener bolsillos, porque los hombres debían tener el dinero.

Digo esto para recordar que, si bien es cierto que Elizabeth no quería dinero y no se hubiese casado sin amor —lujo que las mujeres no podían darse usualmente fuera de la ficción—, si Bingley hubiese tenido interés en ella, podrían haberse casado.


Pero esto no hubiese funcionado. Ni narrativamente ni en la vida real.


Lizzy es un caso especial. Como la mayoría de las mujeres lectoras, es lista y con una opinión fuerte. Naturalmente, buscaba un igual. Aprendió lo que a muchas nos cuesta: tener estándares.Fácilmente pudo casarse con el señor Collins (que Dios nos salve). Pero ella tenía un privilegio que casi nadie en Latinoamérica tiene: un padre presente que apoyaba sus decisiones.


Aquí amamos al señor Bennet.Por eso no se conformaba y encontró en Darcy un complemento: en su diferencia de trato —ella más gentil, él más huraño— y en sus similitudes de temple.


Ellos dos son compatibles por sus valores: ninguno haría algo que no sintiera, y eso los hace iguales. Honestos. Algo clave para las relaciones, más que tener los mismos intereses.

Y, ojo, esto no quita que Darcy sea hosco. Pero lo que no podemos negar es que él no es hipócrita: nunca va a fingir que le agradas por no quedar mal. Es directo, es honesto hasta la médula, aunque lo critiquen. Y si le preguntan a esta autora, en mi opinión, eso lo hace confiable.


Además, por su origen y temperamento, él es un hombre preparado y educado. No espera una esposa trofeo; busca a una mujer como individuo, con personalidad y opinión.Teniendo esta visión, reconoce a Elizabeth como igual por su mente. La ve como compañera, no como “su mujer”.Cosa que, claramente, no pasaría con Bingley porque, al ser un personaje más sencillo y ligero, por naturaleza busca algo básico: una esposa linda, amable y amorosa. No lo piensa mucho; busca a alguien como él.


Se hubiese desperdiciado la brillantez de Lizzy. Y no está mal: son cualidades distintas, y es por eso que en Jane encuentra su ideal.


También quiero hacer énfasis en la metáfora de la riqueza para Austen.


Porque sí, los dos son buenos prospectos por el dinero, según el contexto, y por ello sería más sencillo elegir a Bingley si me preguntan. Pero la protagonista siempre debe llevarse lo mejor.


Y atentos con lo que nos trata de decir Jane Austen: que, si bien era muy valorada la cortesía, para ella era más valioso quién tenía raciocinio, honestidad e incluso quién daba la contraria.Esto es un patrón en sus obras: los romances no están regidos por la economía. El amor importa más que el dinero. Y entendamos que esto parte desde su propia historia con Tom Lefroy, su Fitzwilliam. Se dice que él inspiró al personaje y a la creación del libro.


Así que Darcy no es más rico en dinero, sino en espíritu.


La composición de Darcy


La riqueza austeniana yace en su variedad de personajes: ninguno es igual a otro. Y Fitzwilliam no es la excepción.Él no tiene la dulzura de Bingley ni el encanto cínico de Wickham y Frank Churchill.


No es directamente un héroe promedio ni completamente un villano. Algunos configuran a Darcy como un antihéroe.


“Personaje destacado o protagonista de una obra de ficción cuyas características y comportamientos no corresponden a los del héroe tradicional”.

—RAE


Y eso es lo que nos enamora un poquito. Es sencillamente humano. Podría ser tú o yo. Es un personaje que puede existir. Por eso Darcy no tiene punto de comparación. Es único.


Un amor silencioso


“En vano he luchado. No quiero hacerlo más. Mis sentimientos no pueden contenerse. Permítame usted que le manifieste cuán ardientemente la admiro y la amo”.

Fitzwilliam Darcy. Orgullo y prejuicio. Cap. 34


Este es el punto esencial en todo el juego: su amor es silencioso.No necesita gritar, porque es sincero.


Es un enamorado mediocre en palabras, como diría Knightley.


Pero es porque él no hace promesas: cumple acciones. Y lo mejor de todo es que las hace por amor a ella, no para que ella lo ame.


Es desinteresado y nos aleja de la culpa y la idea del amor ganado. Lo que deja pase libre a Elizabeth para que ella elija si corresponderle o no.Como con su declaración: la retira por incomodidad, pero la reafirma por deseo.Es claro en sus intenciones y no te hace orbiting en tus stories después de haberte presentado a sus padres para ghostearte una semana después.


Da espacio, no presiona. No hace lovebombing como actualmente se hace en redes sociales o apps de citas. No hay una necesidad de inmediatez ni de avance rápido, porque no se esperaba otra cosa que un matrimonio después del cortejo (cosa que quisiéramos hoy en día también).


Y eso hace fluir una conexión genuina y duradera, sin segundas intenciones.


¿Quién no querría a alguien así? Yo, sinceramente, me casaría.Sumemos que la brecha de edad entre ellos es de alrededor de 8 años. En la época no era nada; ahora es considerable, pero no alarmante como la de Knightley y Emma (era un tipo de amor valorado y admirado en la época, pero podemos cuestionarlo bajo nuestra mirada actual).


Están en una etapa de elección más consciente.Y encima rectifica sus errores y protege a Lydia, la hermana pequeña, a pesar de sus problemas con Wickham. O sea, deja de lado su orgullo y te muestra que sería un padre protector. El paquete completo.


Hoy en día aún tengo mis dudas. Y debo admitir que Bingley es más mi tipo, porque es fresco y fácil de llevar, pero no me molestaría tener a un señor Darcy conmigo.Porque el criterio nunca viene mal. Y la constancia es difícil de encontrar hoy en día.


¿Y cómo culpar a Janie? Si yo también tuve un Darcy, un Tom. Y esa seguridad que te da un hombre así… te confieso que no se olvida jamás.


Y si me lees, querido, dejáme decirte que todavía acepto invitaciones a Pemberley…

Emily Claire

Artista enfocada en la moda, cine y literatura. Escritora de poemas.

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